Blog Universidad Anáhuac Querétaro

Intercambio universitario: De Querétaro a Seúl

Escrito por Universidad Anáhuac Querétaro | jun 08, 2026

¿Quién de nosotros no ha querido vivir una experiencia internacional? Una que, más allá de ir de visita, nos permita conocer a profundidad un país nuevo, con sus propias costumbres y, más importante, formas de pensar distintas a las nuestras. Vivir un intercambio universitario es una oportunidad perfecta para esto.

Los diferentes programas de intercambio de la Anáhuac Querétaro hacen posible tener una experiencia internacional que va desde una corta estancia de un verano, hasta una larga estancia de un año o más, según el programa elegido.

En esta ocasión platicamos con María José Lira, Majo, estudiante de sexto semestre de Ingeniería Mecánica, quien está por terminar su intercambio en la Universidad Dankook, en Corea del Sur.

Esto es lo que nos contó sobre su camino, desde que llegó a la Anáhuac Querétaro hasta cruzar el Pacífico con una meta muy clara en la mira.

Una etapa universitaria, múltiples experiencias para tu crecimiento

La universidad es una de las etapas más formativas de nuestra vida. Es donde encontramos nuevos intereses, construimos un camino y empezamos a tomar decisiones que definen quiénes queremos ser. Por eso la elección de universidad y carrera importa tanto.

Cuando le preguntamos a Majo qué tenía en mente al elegir Ingeniería Mecánica en la Anáhuac Querétaro, su respuesta fue directa: quiere trabajar en la NASA. Un sueño grande que, como ella misma explica, requiere de herramientas igualmente ambiciosas.

¿Qué oportunidades de crecimiento ofrece la Anáhuac Querétaro a sus estudiantes de ingeniería?

Majo llegó a la universidad con una beca de excelencia académica, participando también en el equipo representativo de atletismo. El primer semestre trajo, como suele pasar, muchos cambios: materias nuevas, profesores distintos, un entorno desconocido. Y en medio de esa transición, tuvo un accidente que la dejó fuera de la pista mientras se recuperaba de una operación de rodilla.

Ese paréntesis forzado resultó ser un punto de inflexión. Sin el atletismo como centro de su día a día, Majo tuvo tiempo para mirar hacia otros lados: las clases, los profesores, los programas que la universidad ponía a su alcance. Fue entonces que se encontró con el Diplomado de Innovación Tecnológica.

"Al inicio pensé que era para los más matados”, dice entre risas, “pero me di cuenta de que era una gran herramienta. Decidí aplicar, sin importar lo que otros pensaran", recuerda.

Al recibir su carta de aceptación, se abrió una nueva etapa.

El diplomado, que tiene una duración de tres años y puede iniciarse desde el segundo semestre, exige al estudiante desarrollar un proyecto de solución a una problemática real y obtener una certificación en una plataforma especializada, como Data Camp. Majo eligió análisis de datos.

A esto se suman las certificaciones en SolidWorks que el plan de estudios de Mecánica ofrece, una ventaja competitiva frente a otros ingenieros que se gradúan en el estado y en el país.

"Yo no voy a llegar a la NASA si no hago el diplomado, si no me meto a las certificaciones que me dan mis directoras de carrera. El plan educativo te deja muy bien preparado, claro que sí, pero para esas ligas mayores tienes que tener más en tu perfil".

 

El triángulo cultural: Querétaro, Houston y Yongin

El recorrido de Majo no es una línea recta. Es, más bien, un triángulo que conecta tres ciudades y tres formas de entender el mundo.

Querétaro: formación continua durante la carrera de ingeniería mecánica

Además del diplomado y las certificaciones, Majo se integró al Moon Colonization Program (MCP), un concurso internacional de innovación enfocado en la colonización de la Luna en 2050.

Compitió contra un grupo de hombres con más experiencia en el campo aeroespacial, y ganó.

"Yo no sabía nada del tema aeroespacial cuando entré, pero llegó el momento en que me pregunté: ¿soy capaz o no? Y decidí que sí lo era".

Para ella, la clave estuvo en las herramientas metodológicas que el diplomado le había dado sin que ella lo notara del todo: cómo abordar una problemática, cómo validar una solución, cómo pensar más allá de la idea inicial.

"La verdad es que no te das cuenta de las herramientas que aprendiste hasta que las pones en práctica".

El acompañamiento docente también fue decisivo. Majo menciona con nombre propio a varios profesores y directores de carrera que estuvieron presentes en sus momentos de duda, incluido el momento en que consideró cambiarse a Mecatrónica.

"Puedes llegar con los maestros o directivos y decirles: '¿Sabes qué? Me pasa esto.' Y te van a escuchar y harán algo al respecto. Eso no lo había experimentado antes", nos cuenta con sinceridad.

Houston: el programa de colonización de la Luna y el rol de embajadora

Ganar el MCP abrió otra puerta: el International Air and Space Program (IASP) en Houston, un programa en colaboración con la NASA donde los participantes trabajan en proyectos dentro de sus instalaciones.

"Siempre veíamos a la NASA como algo muy lejano. Y resulta que no lo está tanto, simplemente hay que saber con quién acercarte".

Esa experiencia la llevó a convertirse en embajadora de AEXA Space. Fun fact: El CEO de la empresa, Fernando de la Peña, es mexicano.

¿El rol de Majo como embajadora AEXA? Ser facilitadora para que cualquier estudiante interesado en innovación aeroespacial sepa cómo acceder a estos programas, cómo prepararse y cómo conseguir patrocinios.

"Quiero que quien quiera entrar pueda hacerlo de una manera más fácil a través de mí, porque yo ya viví el proceso".

Yongin (Corea del Sur): una experiencia cultural y metodológica de intercambio universitario

Con ese historial, Majo decidió que su intercambio debía ir más allá de un semestre en el extranjero. Quería entender metodologías de innovación desde adentro, y Corea del Sur encabezaba esa lista.

El proceso fue guiado por el equipo de internacionalización de la Anáhuac Querétaro. Originalmente había considerado Toulouse, Francia, pero algo no terminaba de convencerla. Fue la orientación del equipo lo que le abrió la opción de Dankook.

"Desde el día uno que decidí cambiar de destino, tuve seguimiento. En cualquier momento que escribía me contestaban de inmediato, me investigaban cosas que ni ellos sabían. Ese acompañamiento fue clave".

 

¿Cómo es estudiar ingeniería en Corea del Sur?

Al llegar, el contraste cultural fue inmediato y en varios frentes al mismo tiempo. El idioma, para empezar: las clases eran en inglés, sí, pero la vida fuera del aula —el súper, el metro, los policías, las señoras de intendencia— hubo que vivirla, evidentemente, en coreano.

Majo se las arregló con el traductor del celular y con las pocas palabras que fue aprendiendo sobre la marcha. Lo que al principio la frustraba, con el tiempo se convirtió en evidencia de algo: que sí podía adaptarse.

Dentro del salón, el ritmo era otro muy distinto al de México. Exámenes de 45 minutos —indiferente de la dificultad de la materia— y quizzes de 10 minutos al inicio de cada clase. Sin excepciones, sin negociaciones.

Majo tuvo que recalibrar por completo. Y lo hizo. La expectativa de estudiar en Corea del Sur también era que se enfrentaría a compañeros de clase “de otro nivel” y ese reto la motivó a probar que ella también puede llegar a ese nivel.

Investigación en el laboratorio: trabajo en equipo al estilo coreano

Una de las experiencias que más marcó su semestre llegó sin avisar. En una de sus primeras clases, Majo fue a preguntarle una duda a su profesor. Se presentó, le contó un poco de lo que hacía. Y él la invitó a trabajar en su laboratorio de investigación.

"Me dijo que no era común que aceptaran a extranjeros porque al final te vas después de un semestre. Pero que el tiempo que estuviera, podía aprovecharlo".

El encargo: desarrollar un modelo de machine learning para analizar los datos del laboratorio, integrado por siete ingenieros químicos. El reto no fue solo técnico —tuvo que aprender terminología de química en inglés desde cero—, sino cultural.

En ese laboratorio, cada quien trabaja en su propio proyecto con sus audífonos puestos, en silencio. No hay interacción espontánea ni colaboración al estilo mexicano.

"Al principio yo decía: ¿qué es esto? Nadie habla, nadie interactúa. Hasta que entendí que así funciona: trabajo individual, pero coordinado y hacia un mismo objetivo”.

Aprendió también que levantar la mano cuando algo no está claro es crucial. Cuando tuvo problemas con un profesor que evaluaba la creatividad como “fondo blanco con letras negras” —mientras que para ella significa color, tipografía y diseño—, fue directamente a dialogarlo.

"Entendí que tienes que preguntar exactamente cómo quieren el trabajo. No asumir. Eso aplica para la presentación, para las matemáticas, los procesos… para todo".

 

¿Qué se lleva de regreso a México?

La respuesta de Majo no es una lista de técnicas. Es algo más difícil de cuantificar: la certeza de que la disciplina, no la nacionalidad, es lo que define los resultados.

"Me regreso a México con la mentalidad de que los mexicanos podemos tener el mismo nivel de pensamiento que un país como Corea del Sur, si no es que mayor. Lo que es clave es la disciplina".

Culturalmente, también se lleva el valor del respeto —a los mayores, al espacio de los demás, a las reglas compartidas— como una forma concreta de organización social que va más allá de la cortesía.

Y, quizás lo más inesperado, una perspectiva histórica ganada de primera mano: visitó la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, vio con sus propios ojos la tierra del otro lado.

"Ver un país que salió de una guerra civil hace apenas 70 años y que hoy es esto, me enseñó que así se te caiga la vida, se puede seguir adelante".

Excelencia académica con sensibilidad humanista

Lo que distingue la formación de Majo no es solo su ambición o su disciplina, sino una filosofía que, dice, aprendió en la Anáhuac: compartir lo que sabes, reconocer tus áreas de oportunidad y rodearte de quienes pueden fortalecerlas.

"Yo trato de reconocer mis capacidades, pero también mis áreas de oportunidad que, puede ser, en otra persona sean fortalezas. Eso me ha enseñado muchísimo la Anáhuac".

Esta sensibilidad, que suele quedar fuera del mapa en las ingenierías, es parte del eje humanista que la universidad incorpora como pilar de su formación.

Para Majo, la diferencia ha sido clara entre crecer con una mirada individual y con otra que mira a los lados buscando cómo sumar.

Con 21 años, terminando su sexto semestre, viviendo sola por primera vez y en Corea del Sur, Majo tiene clara su siguiente jugada: graduarse con diplomado, certificaciones y título; trabajar en una empresa de innovación en Estados Unidos; y construir su marca personal —MAJO Innovation from Vision— como un espacio para compartir lo aprendido con quienes están donde ella estuvo: con un sueño grande y sin saber por dónde empezar.

La Anáhuac Querétaro no es el único ingrediente de esa historia. Pero sí es, en sus propias palabras, la infraestructura que hace que un sueño como la NASA deje de sonar tan lejano.