Sabemos que el riesgo es el enemigo de cada proyecto, pero en realidad el verdadero enemigo es la improvisación al momento de mitigarlo. Es normal que los proyectos en los que trabajamos se retrasen, salgan de presupuesto o pierdan calidad durante su ejecución. Pero es crucial que reconozcamos que estas situaciones no aparecen de forma aislada, sino que surgen a partir de una falta clara de la gestión de riesgos dentro de la estructura organizacional.
